CERVEJARIA ZAPATA

SABORES DE ANTAÑO, PETISCOS DE SIEMPRE.

La Cervejaria Zapata forma parte de la memoria de Lisboa. Más que un lugar en la mesa, siempre ha sido un punto de encuentro de conversaciones, de momentos compartidos y de sabores que atraviesan generaciones.

Hoy, el Zapata continúa esa historia, fiel a su identidad, en un nuevo capítulo que une a dos familias de la restauración portuguesa. Por un lado, la historia y el legado del Zapata. Por otro, la experiencia y la tradición del éLeBê, una familia vinculada a la restauración desde 1974. El Norte y el Sur se encuentran en la mesa, unidos por la pasión por la cocina portuguesa.

Aquí, la tradición es una base que preservar, cuidar y respetar. La carta mantiene los platos de siempre y acoge nuevas interpretaciones, con el mismo rigor e identidad.

Los petiscos siguen siendo para compartir, hechos para la mesa, la conversación y el tiempo bien aprovechado. Algunos regresan tal como siempre fueron; otros aportan una mirada actual, sin perder su esencia.

El Zapata sigue siendo lo que siempre ha sido: una cervejaria portuguesa de puertas abiertas, donde la tradición vive en el presente y se sienta a la mesa todos los días.

Tradición que se sienta a la mesa.

DOS FAMILIAS,
UNA SOLA MESA

El nuevo Zapata nace de la unión de dos familias de la restauración portuguesa.

La familia que creó el Zapata mantiene viva la tradición lisboeta, convirtiendo la cervejaria en un punto de encuentro de amigos y de sabores que atraviesan generaciones.

La familia Torres, del éLeBê, aporta décadas de experiencia en la restauración portuguesa, combinando rigor, saber hacer y una mirada actual sobre la cocina tradicional.

Norte y Sur en la misma mesa, memoria e innovación, tradición y experiencia, en un Zapata que honra el pasado y celebra el presente.

NUESTRO ESPACIO

UN LUGAR PARA COMPARTIR.

La Cervejaria Zapata está hecha de personas, mesas llenas y buenos momentos.

Nuestro espacio combina la tradición de una cervejaria histórica con la cálida hospitalidad de siempre. Cada detalle invita a sentarse, compartir petiscos y disfrutar de largas conversaciones, en un ambiente que celebra la memoria y el presente de la ciudad.

Aquí, la tradición vive en la mesa todos los días.